“El guion de Moya es delgado pero efectivo, utilizando la ola de calor como metáfora del deseo reprimido. Volm y Schick generan un calor real en sus pocas escenas juntos.”
Boyd van Hoeij
Variety
Berlín, verano de 2011. La ciudad arde bajo una ola de calor récord y, dentro del lujoso Hotel de Rome, la limpiadora Antonia se mueve por pasillos cargados de quietud. Limpia habitaciones, hace camas y esquiva el escrutinio del gerente del hotel. Por la noche, regresa a un apartamento abarrotado donde espera su pequeño hijo Luca. Esta es su vida: trabajo invisible, agotamiento silencioso, el tipo de soledad que se siente permanente.
Entonces llega Julius Pass. Un célebre pintor de retratos ciego, ocupa una suite que pronto se convierte en un estudio. Antonia es asignada para limpiarla. Su primer intercambio es breve; él le pide que describa la luz que entra por la ventana. Ella lo hace, y algo cambia. Julius percibe el mundo a través del tacto y el sonido, y siente en Antonia una profundidad que otros huéspedes pasan por alto. Le pide que pose para un retrato, no una réplica visual, sino una táctil, hecha al pasar sus manos por su rostro. La petición es íntima, inquietante, imposible de rechazar.
Dirigida por Sergej Moya, Hotel Desire se desarrolla en 38 minutos, rodada con un presupuesto de 230.758 $. Se estrenó en la televisión alemana en diciembre de 2011 y más tarde encontró una audiencia internacional en plataformas de streaming. Saralisa Volm y Clemens Schick anclan la película con actuaciones que convierten una premisa delgada en algo silenciosamente explosivo. La película fue nominada a Mejor Cortometraje en los Premios de la Asociación de Críticos de Cine Alemanes y el Premio Max Ophüls.
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La historia comienza antes del amanecer. Antonia se despierta en su pequeño apartamento de Berlín, besa a su hijo Luca dormido y pedalea por calles vacías hasta el Hotel de Rome. Dentro, el vestíbulo es fresco y tiene suelo de mármol, un mundo aparte del calor que presiona contra las ventanas. Se pone su uniforme, coge su carrito de limpieza y comienza sus rondas.
Su día comienza con una pequeña crisis: una huésped llamada Sarah ha perdido un anillo de bodas. El gerente del hotel, un hombre severo y con poca paciencia, advierte a Antonia que el anillo debe encontrarse o se le hará responsable. La presión aumenta mientras Antonia friega baños y dobla toallas, con el anillo pesando en su mente.
A media mañana, se le asigna limpiar la Suite 412, ocupada por Julius Pass. Llama, entra y lo encuentra sentado junto a la ventana, con un lienzo en su caballete. Es ciego, pero su estudio es meticuloso, las pinturas dispuestas por textura, los pinceles colocados en una cuadrícula precisa. Le pide que describa la vista. Ella le habla de las palomas en el alféizar, de la mujer de enfrente regando geranios, de la bruma que difumina los tejados. Él escucha con una intensidad que la hace sentir vista.
Su conversación se interrumpe cuando la recepcionista llama a Antonia para que se aparte. Pero ella regresa más tarde, atraída por algo que no puede nombrar. Julius está trabajando en el retrato de una mujer que conoció hace años en París. Le dice a Antonia que pinta de memoria y tacto, no de vista. Ella pregunta si podría pintarla. Él dice que sí, pero solo si ella confía lo suficiente en él como para quedarse quieta mientras él mapea su rostro con sus manos.
La ola de calor se intensifica. Los turnos de Antonia se desdibujan. Roba tiempo para visitar a Julius entre tareas, arriesgando su trabajo. El personal del hotel se da cuenta: el portero coqueto hace una broma, la recepcionista chismosa levanta una ceja. Solo Marcel, un camarero de mediana edad que lo ha visto todo, no emite ningún juicio.
El anillo perdido reaparece; Antonia lo había barrido accidentalmente a su carrito. Se lo devuelve a Sarah, pero la sospecha del gerente persiste. Mientras tanto, el retrato de Julius progresa. Le pide a Antonia que se quite la chaqueta del uniforme para poder sentir la línea de sus hombros. Ella duda, luego cumple. La escena es tensa pero no explícita; la cámara se detiene en su rostro, en la forma en que cierra los ojos.
Una subtrama que involucra a una modelo francesa en el bar del hotel añade alivio cómico, pero el enfoque de la película permanece en el mundo interior de Antonia. Llama a su niñera para preguntar por Luca. Se mira en el espejo del baño, como si viera a una extraña. El calor, el agotamiento, el anhelo, todo se acumula hacia una sola pregunta: ¿se permitirá desear algo, aunque no pueda conservarlo?
Trailer [Dubbed]
Consenso de la crítica
Hotel Desire es un drama alemán breve y atmosférico que prioriza el estado de ánimo sobre la profundidad narrativa. La actuación central de Saralisa Volm y la química entre los protagonistas elevan una trama delgada, pero los elementos softcore y la brevedad de la película hacen que se sienta más como una viñeta extendida que como una historia completamente realizada.
“El guion de Moya es delgado pero efectivo, utilizando la ola de calor como metáfora del deseo reprimido. Volm y Schick generan un calor real en sus pocas escenas juntos.”
Boyd van Hoeij
Variety
“La película es una clase magistral de economía, cada mirada, cada pincelada importa. Es una pena que la duración no permita una exploración más profunda de sus temas.”
Claudia Lenssen
Der Tagesspiegel
“Saralisa Volm lleva la película con una actuación de desesperación silenciosa. La escena final del retrato es genuinamente conmovedora, un recordatorio de que el cine aún puede sorprender con ternura.”
Martin Schwickert
epd Film
“La etiqueta de softcore de la película es engañosa; se trata más de desnudez emocional que física. El beso, cuando llega, se siente ganado en lugar de explotador.”
Kirsten Taylor
Berlin Film Journal
Director
Sergej Moya
Writer
Sergej Moya
Composer
Stefan Maria Schneider
Cinematographer
Armin Franzen
Producers
Julia Lischinski, Sascha Schwingel, Christopher Zwickler
German Film Critics Association Awards (2012)
Mejor Cortometraje: Nominated
Max Ophüls Prize (2012)
Mejor Cortometraje: Nominated
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