En 2008, el director italiano Matteo Garrone diseccionó el mito del gánster glamuroso. Adaptada del explosivo libro de no ficción de Roberto Saviano, Gomorra te sumerge en los extensos y decadentes bloques de viviendas de Scampìa, un suburbio de Nápoles, donde la Camorra no es una conspiración sombría, sino una realidad cotidiana y aplastante. La película sigue cinco historias separadas, cada una un hilo en la misma red asfixiante: un mensajero de dinero, un niño pequeño, un maestro sastre, dos aspirantes a gánsteres imprudentes y un empresario que trafica con residuos tóxicos. No hay héroes aquí, ni arcos de redención, solo la fría mecánica de una empresa criminal que toca todos los rincones de la vida.
Garrone, trabajando con el director de fotografía Marco Onorato, filma con una distancia documental que hace que la violencia se sienta aún más brutal. El reparto está compuesto mayormente por actores no profesionales sacados de las calles de Nápoles, lo que le da a la película una autenticidad inquietante. Toni Servillo, la única estrella consolidada, interpreta a Franco, un hombre que trata los residuos tóxicos como una mercancía más. La película ganó el Gran Premio en Cannes en 2008 y arrasó en los Premios del Cine Europeo, pero su verdadero poder reside en su negativa a apartar la mirada. Gomorra no solo te muestra la Camorra; te hace sentir el peso de su presencia, la forma en que se filtra en el hormigón y en los huesos.
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PlotSin spoilers
Gomorra comienza con una sacudida: un grupo de mafiosos con sobrepeso, relajándose en cabinas de bronceado, riendo y admirándose, son repentinamente acribillados por un grupo de asesinos de rostro inexpresivo. El golpe se ejecuta con una eficiencia escalofriante; una mujer sostiene una bolsa de deporte para las armas mientras los tiradores suben las escaleras. Este asesinato enciende una guerra territorial entre facciones rivales del clan Casalesi, un conflicto que la película llama secesión. Contra este telón de fondo, se desarrollan cinco historias separadas, cada una una cara diferente de la misma maquinaria criminal.
Don Ciro es un hombre tranquilo y corriente que entrega pagos de pensiones a las familias de camorristas encarcelados. Se mueve por los corredores brutalistas de Le Vele, un enorme proyecto de viviendas en Scampìa, repartiendo sobres de dinero. Pero a medida que la guerra se intensifica, su trabajo se vuelve imposible. Cuando le dice a un líder de facción que la guerra no es para él, el jefe deja claro: nadie puede permanecer neutral. Debe tender trampas a sus clientes o enfrentar la muerte él mismo.
Totò es un niño de unos doce años que vive en el mismo complejo en decadencia. Anhela ser parte de la banda, y empieza poco a poco, haciendo recados para una mujer local cuyo esposo está ausente. Gana unos euros, pero quiere más. En poco tiempo está vendiendo drogas, con la misma naturalidad con la que otro niño podría empezar a jugar al baloncesto. Su juventud lo hace vulnerable y útil a la vez, y las decisiones que toma lo perseguirán.
Pasquale es un maestro sastre, un hombre cuya habilidad con la aguja es su orgullo. Cuando su empleador respaldado por la Camorra gana un contrato para producir 800 vestidos a 30 euros cada uno, Pasquale comienza secretamente a trabajar con una banda china rival, enseñándoles su oficio. Es un movimiento peligroso, una traición al sistema que lo alimenta, y los italianos no toleran la competencia. Su historia es una tragedia silenciosa de un hombre atrapado entre su arte y el mundo que lo rodea.
Marco y Ciro son dos adolescentes arrogantes, obsesionados con Scarface de Brian De Palma. Sueñan con convertirse en jefes, y un éxito fortuito robando cocaína al principio solo los envalentona. Llaman la atención con comportamientos llamativos, comprando ropa cara y derrochando dinero, como si los verdaderos mafiosos no se dieran cuenta. Su enamoramiento con la mitología gánster es una nota de suicidio escrita en cámara lenta.
Franco es un empresario astuto, interpretado por Toni Servillo, que dirige una operación ilegal de eliminación de residuos tóxicos. Contrata a un joven graduado llamado Roberto para ayudarlo a cerrar tratos con empresas del norte de Italia, incluyendo Venecia. El mundo de Franco es de contratos y efectivo, pero la destrucción ambiental es real, y Roberto comienza a ver el costo. La película entrelaza estos cinco hilos, sin dejar que olvides que todos son parte del mismo organismo, la Camorra, un sistema que se alimenta de sí mismo.
Gomorrah es una mirada implacable, de estilo documental, a la Camorra que se niega a glamorizar a sus protagonistas. Con un reparto mayoritariamente no profesional y un estilo visual distante, pinta un retrato devastador de un ecosistema criminal, cosechando un amplio reconocimiento por su autenticidad y su seriedad moral.
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